Archivo para mayo, 2011

La fiesta del doblete…..

Posted in Futbol with tags , , , , on mayo 31, 2011 by jgabriel28

Más que si fuera un clásico, más de cien mil espectadores abarrotaron las gradas del Camp Nou en la celebración de la Champions conquistada en Wembley, una fiesta breve, en la que sólo se dirigieron a los espectadores ocho futbolistas y que finalizó con un espectáculo piromusical.

Ya fuera por las prisas por acudir al concierto de Shakira, la pareja sentimental de Gerard Piqué, que actúa a continuación en el Estadio Olímpico de Montjuic o porque el cansancio de los festejos hace mella en el equipo, los futbolistas no estuvieron tan elocuentes como en la celebración por la Liga de hace unos días.

Instalados en una tarima situada en el centro del Camp Nou, donde posaron con las Copas de la Liga y de la Champions, conquistadas junto con la Supercopa de España este año, el discurso más afilado fue el de Piqué, quien reclamó que los triunfos del Barça son en buena lid.

“Nosotros, ni nos drogamos ni nos tiramos (al suelo) ni compramos a los árbitros, sólo jugamos a fútbol. Os espero a todos ahora en el estadio olímpico en el concierto de la Shakira”, ha dicho Piqué entre las risas de sus compañeros y los aplausos de los aficionados.

Víctor Valdés ha reivindicado la catalanidad del Barça al atar una bufanda con la ‘senyera’ en la copa de la Liga. “Falta un pequeño detalle para completar esta fiesta, que se enteren. Os debíamos una (Champions) desde el año pasado y aquí la tenéis, desde Wembley para todos vosotros”, ha dicho.

Carles Puyol ha pedido a los aficionados que lo celebren porque “cuesta mucho” ganar estos títulos y Xavi Hernández, uno de los más destacados en la final de ayer, ha recordado que este equipo “es cojonudo”.

“Siempre me he sentido orgullosos de ser culé y de ser catalán, ahora más que nunca”, ha dicho Xavi. Eric Abidal ha agradecido el detalle de Carles Puyol, quien le cedió su brazalete de capitán y le permitió levantar la Copa de Europa en el palco de Wembley, por lo cual el día de ayer fue “el mejor” de su carrera futbolística.

Andrés Iniesta también ha agradecido el apoyo a los aficionados. “Sin vosotros esas copas son imposibles. Mi corazón me dice que lo más grande es ser culés. Estoy muy orgulloso de ello”, ha dicho.

El entrenador Pep Guardiola sólo habló para introducir a Leo Messi. “En la celebración de la Liga, hablaron todos menos uno, que prometió hacerlo hoy”, ha recordado Guardiola.

El argentino ha vuelto a demostrar que lo suyo no es la elocuencia y que si tiene que hablar, lo hace jugando. “Prometí que hoy iba a hablar y acá estoy. La verdad es que no tengo nada que decirles. Simplemente que disfrutemos de esto, agradecerlo por todo lo de este año y a ver si podemos disfrutar muchos títulos más”, ha dicho.

Seguramente a los aficionados se les hizo corto, después de una buena espera. A las siete de la tarde ya no cabía ni una aguja en el Camp Nou. La demanda superó a la oferta y los aficionados llenaron las gradas como no habían hecho nunca antes durante la temporada.

Había tanta densidad de espectadores que se rompieron vallas en los accesos y los últimos aficionados en llegar al estadio tuvieron que ubicarse en el tercer graderío y buena parte de ellos ya no tenían localidad y tuvieron que ocupar los pasillos o, incluso, ver la fiesta de pie.

La fiesta finalizó con el canto ‘a capella’ del himno del Barça. Acabada la temporada, el barcelonismo ya piensa en el próximo ejercicio con unos cuantos retos ya en el mes de agosto como la Supercopa de España (ante el Real Madrid) o la Supercopa de Europa (frente al Oporto), pero seguramente los futbolistas sólo tienen en la cabeza las vacaciones.


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Sir Xavi

Posted in Futbol with tags on mayo 29, 2011 by jgabriel28

Hubo uno que pidió una palanca para mover el mundo. A Xavi nadie le escuchó pedir la pelota, pero siempre la tuvo, como si sus botas tuvieran un imán que le acercara al cuero. Puestos a ser más fieles que nunca a una idea, la de organizarse a través del balón, era un partido para que apareciera Xavi y lo sentenciara el talento de Messi, el instinto de Villa o la picardía de Pedro. Así ocurrió: marcaron Pedro, Messi y Villa, y Xavi le puso el sello a la cuarta Copa de Europa del Barcelona. El de Terrassa ha ganado tres, pero en París, lesionado, no jugó contra el Arsenal. En Roma, contra el United, jugó bien y hasta remató al palo. En Wembley dio un recital brutal: corrió 11,9 kilómetros, más que nadie, 141 de los 148 pases que dio llegaron a su destino (95%) y chutó tres veces, una a puerta, obligando a Van der Sar a una gran parada.

Cuando Xavi tiene la pelota, siempre pasan cosas buenas para el Barça. Hay veces, como ayer, que le basta con dejarla pasar. Así ocurrió al filo de la media hora, cuando amagó el control, dejó correr el balón, se fue a por los centrales y esperó a que por algún sitio, alguno de sus amigos se le ofreciera. Giggs lo vio, pero era tarde para llegar a cerrar. Solo fue un pase más de los muchos que dio, pero terminó en gol. El primero, el que empezó a dejar claro quién es el mejor equipo de Europa.

Hace casi un año, pase a pase, Xavi llevó a España a conseguir el Mundial. Durante el curso, pase a pase, ha colaborado en la consecución del tercer título de Liga consecutivo, en la plaza para la final de Copa y en la final de Wembley. Allí apareció para ganar al United a golpe de pase, siendo fiel a un estilo. Xavi lo tuvo claro. Cogió la pelota, la pasó y ganó el Barça.

Suele decir que no puede jugar solo, que necesita amigos con los que pasarse el balón. De niño, en la plaza, se alió no pocas veces con los árboles y los bancos para tirar paredes. Suele hacerlo con Busquets, Iniesta y Messi con la intención básica de no perderlo. A partir de ahí, su radar le avisa antes que a nadie del camino al gol: y esa autopista se suele llamar Messi. El gol del argentino, el de Pedro o el de El Guaje quedarán en la memoria colectiva, pero no es menos cierto que el partido de Xavi es para que lo muestren en La Masía a quien aspire a ser centrocampista del Barça.

Xavi lleva el gen del fútbol del Barça y en el manual está escrito que tan importante es tener la pelota como saber dónde te toca jugar. Por eso se filtró como mediapunta a la espalda de Carrick y con tanta elegancia como se dejó caer cerca de Busquets. Si ordenó zafarrancho, se tiró a degüello y con él todo el equipo; cuando pensó que era necesario dar un paso atrás para ordenar el ataque, la guardó y el rondo volvió a empezar. Capitán al quedarse en el banquillo Puyol, lideró al equipo en lo anímico y en la idea y se coronó en Wembley con otra de sus habituales exhibiciones. Se activó y se frenó cuando fue necesario y con él todo el equipo, el equipo de su infancia, el equipo de su vida. Su último pase llegó directo al corazón. Llevó el brazalete durante el partido y podía haber cogido la Copa. Nadie pensó que fuera a hacerlo. Tocaba cedérsela a Puyol, como Zubizarreta hizo en 1992 con Alexanco, o Guardiola con Popescu en la final de la Recopa de 1996. Pero… no. El equipo le debía un reconocimiento a Abidal y la recogió el francés, el hombre que hace apenas tres meses pasó por el quirófano con un tumor en el hígado.

A Xavi, hace 19 años, sus padres le prohibieron viajar a Wembley con sus dos hermanos mayores. Así que vio por la tele la final contra el Sampdoria. Ayer no tenía intención de ser otra vez espectador. Hizo suya la pelota y del Barça la Copa de Europa. Tras su espectacular partido, ya se le puede llamar sir.

Wembley se enamora del Barcelona

Posted in Futbol with tags on mayo 29, 2011 by jgabriel28

Hay finales que cualquier equipo necesita ganar para ser alguien en el fútbol, como la de 1992 para el Barça o la de 1968 para el Manchester, y hay trofeos que se impone conquistar para convertirse en una celebridad. Pocos como el de ayer en Londres. La leyenda del Barcelona y del United empezó por separado en el viejo Wembley, los azulgrana contra el Sampdoria y los diablos rojos frente al Benfica. Ambos regresaron anoche al mítico estadio inglés, ahora tan renovado como los propios clubes, para dirimir cuál de los dos marcaba época, después que los azulgrana ya derrotaran a los reds hace dos años en Roma. No hubo duda. La gloria fue de nuevo para el excelso Barcelona de Messi y Abidal.

Ahora mismo no hay mejor futbolista que Messi ni un equipo que juegue mejor al fútbol que el Barça, también en un terreno neutral, el más sagrado de Europa, el santuario de Wembley. Los azulgrana se coronaron tetracampeones después de una actuación irreprochable el día más exigente, frente al líder del fútbol inglés, en el mismo templo de Londres. Equipo de muchas camisas, al Manchester no le sienta bien el blanco. Alejado de la mística y liturgia del día, apareció para dar valor al éxito azulgrana y agrandar el romanticismo del Barça, más club y equipo que nunca después de una función colectiva estupenda y de un triunfo sin discusión de su afamada delantera.

La final de Londres empezó y acabó igual que la de Roma, como si no pasara el tiempo, igual de reconocibles los dos contendientes. La pelota no salió de la cancha del Barcelona durante cinco largos minutos y el jugador más exigido fue Valdés. Apretaron los ingleses, muy físicos y vitalistas, tensos en la presión y más ligeros y futboleros que nunca en la alineación. Fletcher descansaba y jugaban Valencia, Giggs y, por supuesto, Chicharito. No había manera de dar con Messi, perdido en la divisoria, volteado por Park, que le rebanó tres veces la pelota. A la cuarta, sin embargo, salió La Pulga del regate y se conectaron los azulgrana, más fáciles de identificar que nunca en Wembley. Había un cierto misterio sobre cómo jugaría el Barça. Los titulares llevaban mucho tiempo sin juntarse en un partido y la serie contra el Madrid resultó tan agotadora como desagradable, nociva para su fútbol. La suplencia del capitán Puyol aumentó una incertidumbre que se disipó cuando Messi apareció entre líneas y generó la superioridad numérica suficiente para descomponer al Manchester United.

El triángulo Xavi-Iniesta-Messi monopolizó el balón y los barcelonistas se ganaron fácilmente el campo y el área del adversario. Únicamente se trataba de aguardar al gol, cosa nada sencilla a veces en un equipo tan generoso en el juego como falto de pegada como es este Barça.

El valor más seguro en un partido de la categoría del de ayer es Pedro, infalible en los momentos más exigentes, quizá porque es la forma que tiene de agradecer que le pongan en la formación. El tinerfeño remató a la red la jugada que anteriormente habían marrado Messi y Villa. Los azulgrana estuvieron estupendos, filigraneros, también condescendientes en el área de Van der Sar y después en la de Valdés. Un fuera de banda de Abidal sirvió al Manchester para dejar constancia de su presencia en la final. Al más puro estilo Barça, robó la bola el United y Rooney no paró hasta dejarla en el marco, después de una doble pared, apoyada la segunda en un fuera de juego

La respuesta del Barcelona al error arbitral no fue ningún alegato contra los colegiados ni contra la organización, sino que se centró en un fenomenal discurso futbolístico en el campo, tan medido que a Guardiola le dio tiempo de sacar a Puyol, igual que actuó Cruyff con Alexanco en 1992, aunque la Copa la recibió Abidal, titular en la final después de superar un cáncer de hígado. Los barcelonistas supieron estar en el campo, donde solo cometieron cinco faltas, y en el palco, igual de exuberantes anoche que con el 5-0 que le endosaron al Madrid, cuando empezaron a dibujar el mismo doblete alcanzado en 1992, 2006, 2009 y 2011.

Rápido de pies y cabeza en la circulación del cuero, consciente de su inferioridad en los balones divididos, al Barcelona solo le faltaba afinar la puntería para resolver un choque tan bien madurado. El partido se puso entonces estupendo para un jugador universal como Messi. Aunque a veces se relame ante la portería, no conviene flotarle, como dispuso la defensa del United, convencida de la esterilidad del Barça. La Pulga tomó la pelota de Iniesta, la paró, la acarició y la tocó en dirección al balcón del área para enganchar un violento zurdazo al que no pudo responder Van der Sar en su último partido.

Un gol repetidamente visto y, sin embargo, siempre esperado, imposible para el adversario, decisivo para el Barça, que no tardó en certificar el triunfo con un celestial tiro de Villa a la escuadra, muy bien visto por El Guaje, más certero que Alves y el propio Messi, quienes durante un rato se rifaron el chut en una final como los niños cuando pelotean en el recreo. Hubo momentos también para divertirse, para honrar al driblinginventado por los ingleses y el passing-game patentado por los escoceses, para mezclar las dos suertes como solo hace el Barça, que rompió a jugar el día señalado con la determinación precisa de un novato y el refinamiento de un singular tetracampeón.

Nadie hace silbar el balón como el Barcelona, exquisito en el juego de asociación y al mismo tiempo entregado al jugador más determinante de la época, Leo Messi. La Pulga y el Barça forman hoy una asociación imparable en cualquier campo del mundo. Wembley no iba a ser la excepción sino que era el sitio indicado para certificar la jerarquía y grandeza del Barça seguramente más romántico de la historia.

Gano el que mas propuso!

Posted in Futbol with tags on mayo 4, 2011 by jgabriel28

La inteligencia ganó a la astucia y el Barcelona regresará a Wembley, el santuario en el que empezó su leyenda como equipo ganador, a costa del Madrid, el club más laureado de Europa, anoche más reconocible que en los partidos anteriores de la serie, dominados por la agresividad de Mourinho. El Madrid claudicó dignamente en el Camp Nou después de quedar hipotecado por la ida, mal gestionada y peor resuelta, independientemente de la intervención del árbitro y de la UEFA, presidida por el veneno de su entrenador, al que ayer nadie echó en falta. El encuentro de vuelta de las semifinales de la Copa de Europa fue el más tranquilo y limpio de los cuatro disputados, terreno abonado para el Barça, inaccesible cuando los choques son inmaculados.

Aunque pueda parecer casual, la ausencia de Mourinho, que supuestamente decidió resguardarse en el hotel, quizá porque no encontró acomodo en el estadio para cumplir su sanción, ayudó a descontaminar el partido. Llovió mucho en las horas previas, el césped estaba corto y rápido, los focos dejaron de enfocar a los banquillos y hasta la alineación del Madrid pareció consecuente con la causa blanca. Sin Pepe, hilo conductor de la serie, el Madrid presentó su versión menos mourinhista de la serie, sobre todo por la presencia de Kaká, último símbolo de los galácticos, y la ausencia de Özil y Adebayor. A ningún barcelonista le costó identificar al Madrid, más natural y menos forzado por las circunstancias, consecuente con su extraordinario historial.

Apareció un equipo ambicioso, enfocado al marco de Valdés, bien orientado por la competitividad de Cristiano. Muy presionado, al Barça le llevó un cuarto de hora salir de su propio campo, contactar con la pelota y parar el rondo, signo de su jerarquía futbolística. Nunca supo jugar a favor del marcador ni siquiera en una semifinal de laChampions, el torneo por excelencia por su impacto mundial. Aunque siempre tuvo tensión defensiva, solo el fútbol de ataque avala al Barça, de salida excesivamente alejado del área de Casillas. Equilibrado como quedó el partido, cualquier detalle podía resultar capital para la suerte de la eliminatoria, aparentemente más discutida que en el Bernabéu, resuelta con dos goles del omnipresente Messi.

Liberado, el Madrid se soltó y desplegó con tino. Los jugadores prescindieron del manual de instrucciones del técnico y fueron más respetados que nunca por el Barça, al que le costó masticar la jugada, degustar el fútbol, sentirse a gusto en su territorio. El momento del Madrid, sin embargo, pasó pronto. Ni siquiera tiró una vez y, a cambio, cedieron progresivamente sus delanteros en el apretón al Barça. Kaká se desfondó muy pronto, Cristiano no tiene por costumbre ayudar en el repliegue y los azulgrana no solo ganaron metros, sino que empezaron a armar remates contra Casillas. El portero puso a salvo al Madrid en cuatro tiros, tres de Messi y uno de Villa, mientras Valdés solo tuvo que atender a un malicioso centro de Di María.

Les faltó saña a los azulgrana cuando el partido se rompió descaradamente a su favor después que se aflojara el Madrid, cada vez más individualista, con menos sentido del juego colectivo, incapaz de negar espacios al contrario, eliminada su línea de presión.

El descanso les vino muy bien a los chicos blancos, que reaparecieron con energía y hasta contaron un gol de Higuaín que el árbitro anuló por una falta de Cristiano a Mascherano. No se entendió muy bien la decisión del colegiado, que también pudo despedir prematuramente a Carvalho. El partido se puso entonces a favor del Madrid, igual que en su inicio, como si recomenzara la jornada. Y entonces, cuando más a gusto se sentía y el dominio escénico era blanco, apareció Valdés.

Valdés no solo es un excelente portero, sino que en el manual del Barça es también el primer atacante, el jugador clave para armar la contra y superar el acoso del adversario, punto de salida del fútbol. Valdés puso en juego el balón de forma rápida y tiró la línea de pase para Alves. Eliminados los atacantes madridistas, el campo quedó abierto para la superioridad azulgrana, expresada por Iniesta, que dio continuidad a la acción hasta conectar con Pedro, profundo en el desmarque, excelente en la recepción, terminal ante Casillas. El encuentro se había desequilibrado de forma sorprendente por la intervención de dos protagonistas aparentemente secundarios, Valdés y Pedro, inédito como goleador desde el pasado 26 de febrero en Palma de Mallorca.

La jugada remitió al manual futbolístico del Barça y, como diría Mourinho, a su manera de entender el fútbol como el teatro. Aseguran los actores que para salir a escena antes hay que dominar el texto y respirar bien a fin de liberar la cabeza y después crear, ser artista. Nadie atiende mejor al libro de texto azulgrana que Valdés y Pedro, un delantero que solo tiene sentido en el Barça, nada más y nada menos, siempre respetuoso con el ideario de Guardiola. Sin embargo, a la contra de manual del Barça respondió de inmediato el Madrid con un tiro al palo de Di María, que recogió el rebote y pasó a Marcelo para empatar. Özil dinamizó el fútbol del Madrid y Adebayor le dio más agresividad. Así que se planteó un final tan tenso como emocionante, bonito.

No hubo más goles porque el Barça, fuerte psicológicamente, supo controlar su excitación. Quizá, porque conoce más a Mourinho que el propio Madrid por los cruces contra el Chelsea y el Inter. No perdió la cabeza el Barça y al Madrid le faltaron pies para la épica, un plan global y no apuntes para un partido, empeñado en negar el choque del Camp Nou por lo sucedido en Chamartín. A Guardiola incluso le dio tiempo de homenajear a Abidal.

Hoy, por las buenas o por las malas, el Barça es mejor equipo que el Madrid, ayer más identificable que nunca, nada que ver con aquel plantel colérico que remitía al Grupo salvaje de Sam Peckinpah. Y bien que lo agradeció el Barça, pulcro e inmaculado, como si nunca hubiera roto un plato.

Así las cosas, parecerá que sobra Mourinho. Al menos, para el Barça. El Madrid, en cambio, igual piensa que solo un tipo duro y avinagrado como Mourinho es capaz de acabar con la dictadura infantil de los niños de Guardiola, felices por volver a Wembley, el templo en el que sus padres se coronaron con el dream team.